sábado, 29 de agosto de 2009

NOTAS DOCUMENTALES PARA LA HISTORIA DEL ARTE DEL SIGLO XVIII EN JEREZ


Publicado en Revista de Historia de Jerez, n ° 9, Centro de Estudios Históricos Jerezanos, Jerez de la Fra., 2003, pp. 85-101.



Nada descubrimos al señalar la destacada actividad artística que alcanzó Jerez en el setecientos como foco prácticamente descentralizado del gran núcleo sevillano, algo que posibilitó, como sabemos, un desarrollo independiente, en especial, en el campo de la escultura y, singularmente, en el género de la arquitectura civil. No obstante, el estudio e investigación de esta centuria, a pesar de meritorias aportaciones recientes, son aún susceptibles a ampliaciones y profundizaciones en un sentido general, y de manera todavía más evidente y precisa en el caso concreto de ambos aspectos del arte dieciochesco local.

El presente artículo pretende mostrar algunos documentos que, al respecto de estas dos manifestaciones artísticas, han sido hallados por nuestra parte tras la consulta al archivo de protocolos notariales de nuestra ciudad. En este sentido, nos centraremos, respectiva y principalmente, en la referencia al taller de los retablistas hermanos Navarro, a raíz del descubrimiento de un curioso pleito, y a la obra civil, hasta ahora inédita, del arquitecto jerezano Juan de Bargas.


1- EL TALLER DE LOS NAVARRO


El 2 de Noviembre de 1755, "un dia despues del terremoto" (1), José Navarro abandona el taller familiar que, conjuntamente con sus hermanos Matías José y Diego, había mantenido como continuación del paterno, creado en Lebrija por Juan de Santa
María Navarro en el primer cuarto del siglo XVIII (2). Este hecho desembocará años más tarde, en 1760, en un largo y penoso pleito que formará contra Matías ante la negativa de éste a repartir los bienes pertenecientes a la antigua compañía. Su conocimiento nos ha aportado un notable número de datos acerca de la evolución, actividad y organización del mencionado taller, uno de los más destacados de toda la comarca durante el segundo tercio de la centuria.




1.1- EL PLEITO


El 20 de Agosto de aquel año de 1760, se tomará una primera declaración a José
Navarro, por aquel tiempo "vecino de la Ciudad del Puerto de Santa Maria calle de Palacios", en la que defenderá la anterior existencia de la mencionada compañía, aspecto éste que negará su hermano, afirmando que "corria solo con las obras que salian, las que manejava y respondia por ellas en las obligaciones que se construia [...] sin que fuera comun de todos dho. trabajo o obras nuevas por cuia rason no avia por que hacer divicion ni separacion alguna" (3).


Dos días más tarde, se interrogará a una serie de testigos, presentados por el procurador Marcos García en nombre de José, los cuales ratificarán todo lo dicho por éste. Se trata de tres antiguos oficiales del taller: Bernardo Serrano, Pablo Novela y Domingo de Sierra. Sus testimonios no dejarán precisamente en muy buen lugar todo lo expuesto por Matías José, quien a partir de ahora quedará en entredicho (4).


El 23 de Agosto se entregará una copia del testamento de Juan de Santa María, padre de ambos, cuya lectura vendrá nuevamente a ratificar la tesis del demandante. De esta manera, este mismo día se embargarán los bienes de Matías, iniciándose el correspondiente inventario, no sin la protesta de Nicolás de Olavarrrieta, quien, en nombre de éste último, no dudará en pedir su suspensión, afirmando que "mal puede averse practicado dho. envargo tan perjudicial a su credito, y aun averse serrado con llave la sala en que la consavida mi parte havita , dando motibo a que las muchas personas que le tienen dado dinero para obras de escultura le executasen y envargasen sus bienes considerandolo en alguna quiebra, y lo que es mas es que una porzion de dinero que el R. P. Corrector del Convento de Minimos de N. P. S. Francisco de Paula de la Ciudad del Puerto de Santa Maria, que es parte de quatro mil y quinientos rrs. de vn. que ha entregado a la mia en quenta del valor de un retablo que esta construiendo para el convento de dha. orden en la Villa de Puerto Real [...] y aunque de ella por orden de Vmd. se le entragaron a mi parte seiscientos rrs. vn. con el motivo de que fuese pagando los oficiales que estan travajando en el referido retablo y en un Monumento que se esta fabricando para la Yglesia Parroquial de Villamartin necesita mi parte de el demas dinero para comprar madera y pagar la que tiene comprada" (5).


Pero de nada sirvió que se entregase una certificación por parte del corrector portuense, fechada a veinte del citado mes, pues finalmente el alcalde ordinario Ramón López de Trujillo ordenó la reiniciación del inventario, que se continuaría durante las jornadas siguientes. Y es que no pudo menos que apoyarse esta resolución en la falta de credibilidad que demostró durante todo el proceso Matías Navarro, si nos atenemos para ello al testimonio de Marcos García, quien llegaría a sostener la certeza de que en sus declaraciones "faltaría enteramente a la verdad, como falto a Vmd. y al presente escribano en las distintas reconbenciones que se le hicieron a la formacion del Ynbentario, sobre si tenia bienes y siempre estubo negativo sin haber asentido a la verdad, y solo confeso tendria para pagar a los oficiales en aquel dia, por lo que continuaron las Dilixencias del Ynventario, y en una de ellas se encontro en una papelera el dinero ynventariado, y en aquel acto no hizo recombension alguna como era regular que aquel dinero no era suio, hasta que despues cabilando medios para libertad del embargo de aquel dinero fomento y presento la dha. certificación" (6).


Sin embargo, esto no fue obstáculo para que, nuevamente, el 5 de Septiembre se le concediera al embargado otros trescientos reales, cantidad que, en cualquier caso, fue la última que se le otorgaría, pues peticiones posteriores serían denegadas.


El proceso se desenvolvería en un ambiente de continuos ataques mutuos, siendo sólo destacable en este periodo la solicitud de declaraciones de otros dos hermanos, Juan y Bernardo Navarro, en otro tiempo también miembros del taller familiar. Esto sucedió el 7 de Octubre, pero no sería hasta el 4 de julio del siguiente año de 1761 cuando éstos serían finalmente interrogados, y sus respuestas no dieron lugar a dudas: "en quanto a la compañia que se deduse en ella no tienen que pedir ni repetir cosa alguna, y es cierto que aquella es y pertenese a D. Joseph que esta presente, D. Mathias y D. Diego tambien hermanos cuios vienes que a dha. compañia pertenesen son propios de los tres ultimos nominados" (7).


Seguirá con posterioridad un paréntesis temporal que culminará en febrero del 62 con sendas nuevas declaraciones por parte de los dos implicados, dando paso a un principio de acuerdo el 17 de Diciembre por el que se aprobó repartir entre los tres hermanos (8) "el caudal que quedo por fallecimiento de nros. padres consistentes en unas casas de morada en la villa de Lebrixa y el que despues se a adqurido que se reduce a unas casas en esta Ciudad calle de la Carpintería alta y los muebles que en ellas existen que se an inventariado en autos ante la Real Justicia de esta Ciudad y el presente escribano (cuyo seguimiento se suspendió por dho. compromiso para evitar costos y los perniciosas resultas de los pleitos y para conservar la paz y el amor fraternal que nos manda Dios Nro. Sr. que tengamos) y assi mismo los vienes muebles que estan en la Ciudad del Puerto de Sta. Maria" (9).


De esta manera, y tras un completo aprecio, se llegará a la ansiada partición de bienes el 19 de Noviembre de 1764, que será definitivamente aprobada el 13 de Marzo de 1766, año en que fueron protocolarizados los 134 folios resultantes de los comentados autos, que han constituido la base principal de nuestro estudio.



1.2- LOS HERMANOS NAVARRO

Fruto del matrimonio de Juan de Santa María Navarro con Mariana del Espíritu Santo García del Barco y Thinoco nacieron Matías José, Pedro, Diego, Juan, José Francisco y Bernardo. Todos ellos heredaron el oficio paterno, a excepción del segundo, Pedro (10).

A partir del fallecimiento de la madre, acaecido en el año de 1727, consta que los tres hermanos solteros, Matías, Diego y José, se mantendrían trabajando y viviendo juntos, mientras que los dos restantes, Juan y Bernardo, lo harán sólo por temporadas y "como quales quiera otro ofizial extraño, excepto en los hornales y soldadas que han ganado y ganan los suso dhos. por aver sido y ser el de estos mas ventaxoso y crezido y con el aumento y beneficio de darles de comer en muchas ocasiones, sin revajarles por esta razon cosa alguna de dhos. sus salarios" (11).

Tanto Juan como Bernardo no recibirán precisamente grandes elogios por parte de su anciano padre, quien les recriminará el no haber invertido ni un solo real en las obras de reforma que se estaban haciendo en la casa lebrijana de la calle Cataño a costa de sus hermanos, de los que, en cambio, no duda en referirse afirmando que "por su mayor aplicazion, menores gastos, mas union y mejor economia, han adquirido y conservado, adquiren y conservan mayor caudal que los dhos. D. Juan y D. Bernardo quienes pudieron ygualmente y con ygual aplicazion averse aprovechado, pues assi unos como otros han viado y tenido las misma facultad y permiso y logrado las mismas ocaziones en que pudieran averse adelantado"(12). Críticas éstas que llegan a tener carácter minucioso en relación con las abundantes notas que en dicho testamento se dedican a Bernardo, especificándose todas y cada una de las muchas deudas de éste con Matías, además de enumerar cronológicamente los periodos de trabajo perdidos en el taller a causa de su boda con Catalina de Sota en 1736 en Rota y las mediocres temporadas laborales de aquel año (13).

En este sentido, es llamativo como Bernardo, a pesar de sus más que discretos dotes en el oficio, trabajase en ocasiones anteriores "fuera, en Xerez, Puerto, Rota y otras partes, con maestros extraños de su mismo exercicio"(14), algo que implicaría unas no muy buenas relaciones fraternales, que, posiblemente, quedarían definitivamente rotas tras la muerte del padre en 1750. De hecho, cuando en 1760 se pide su declaración en relación con el anteriormente expuesto pleito se afirma que era vecino de Cádiz (15).

En la misma línea debemos situar la figura de Juan Navarro, quien en esta misma fecha de 1760 había vuelto a residir en la ciudad del Puerto de Santa María(16). Sin embargo, a la luz de los documentos, la relación pretérita con el resto de los hermanos debió de ser menos problemática, especialmente con Matías José, con quien contrató en 1748 el retablo mayor de la iglesia del Convento de San Juan de Dios, para el que se obligaron a trabajar "juntos y de mancomun", tal y como consta en la correspondiente escritura notarial (17).

Pero, dejando a un lado a los circunstanciales Bernardo y Juan, serán Matías, Diego y José sobre los que recaiga todo el peso del taller. Sobre estos últimos el patriarca nos informa que "en la mancomunidad que han observado y guardado no han llevado ni llevan en gastos ni en ganancias quenta ni razon alguna, y assi quanto han adquirido y adquieren, tanto lo han llevado y llevan a dhas. casas y de ello cada uno ha tomado y toma lo que necesita a su vio, con arreglo a sus decenttes manutenciones, sin excederse a otra cosa alguna con el que corre y suministra dho. D. Mathias, porque assi por ser el primogenito, como por suma, por ynteligencia y subhordinazionque le tienen dhos. hermanos, es este el que maneja y corre con el govierno de dhas. casas ajustando y consertando las obras que de su exercicio y arte salen que hazer y trabajar en el arte de Excultoria, quien por si propio haze y otorga las Escripturas de obligaciones y fianzas de su quenta y riesgo, siendo el dho. D. Mathias responsable a las quiebras que se suelen ocasionar" (18).

A estos datos debemos sumar otros aportados por José en su comparecencia del año de 1762, en la que sostuvo "que nunca a tenido trato expreso de Compañia con el dho. su hermano que lo que a pasado es que mientras vivia D. Juan de Santa Maria Navarro su padre y del sitado su hermano travaxavan juntos y subordinados a la voluntad del dho. su padre aunque por estar este enfermo recidia siempre en la villa de Lebrija y el declarante con su hermano D. Mathias salia a travaxar a los pueblos donde ocurria obra, y despues de muerto dho. su padre que le parese que fallecio once o doce años prosiguieron travaxando juntos"(19).

Acerca del desdibujado Diego, del que apenas se hacen referencias directas en el extenso documento, sólo podemos afirmar el hecho de ser el único de los hermanos que se mantuvo fiel a la autoridad profesional y doméstica del controvertido primogénito de los
Navarro, además de su labor como ensamblador. A esto hay que unir, y no con ciertos reparos, la peyorativa valoración que de él y José realizó Matías, quien llegaría a otorgarles el calificativo de "oficiales cortos", descarada apreciación ésta que no tuvo, al contrario de su hermano, oportunidad de contradecir.

Por contra, es posible establecer una idea bastante aproximada de las personalidades de Matías José y José Francisco Navarro, los verdaderos protagonistas del pleito. Del primero queda claro su indiscutible posición preeminente dentro del taller, como ya hemos tenido oportunidad de comprobar, junto a sus mayores cualidades artísticas, que fueron reconocidas por el propio José en cuanto al hecho de "tener la abilidad del dibujo en algún grado mas que el declarante" (20).

Igualmente nos consta su dedicación a labores puramente escultóricas, siendo precisamente con la denominación de escultor con la que se le cita en el Catastro de Ensenada (21).

Sin embargo, la visión que de sus cualidades humanas aporta la documentación no lo sitúa precisamente en un lugar muy destacado dentro del ámbito familiar. Por contra, nos lo muestra ejerciendo una actitud despectiva y denigrante hacia sus hermanos que, en gran medida, fue la causante de muchas desavenencias y, desde luego, de la definitiva ruptura con José. Será éste el encargado de dibujárnoslo con tales negativos rasgos, que debemos creer en su mayor parte, a pesar de la lógica parcialidad de sus declaraciones.

De este modo, expresará "que en todo dho. tiempo que travaxo con el referido su hermano persevia este todo el producto de las obras dandole solamente al declarante de comer y de dies a dies años una capa chupa y calsones y de tres a tres años dos mudas de ropa blanca". Para colmo, nos lo presenta despreocupado y desocupado ante los diferentes trabajos que se realizaban, describiendo su actitud con los siguientes términos: "travaxava en dhas. obras no atareandose como jornalero y como lo hacia el declarante y demas sus hermanos mientras el dho. D. Mathias ivase a algunas diversiones de comedias, toros, operas y otras diversiones" (22).

En contrapartida con lo expuesto hasta ahora, debemos colocar de manera objetiva, aunque no por ello deje de ser sorprendente, a Matías Navarro dentro de la élite cultural del Jerez de su época. La clave de esta consideración nuestra hay que buscarla en el aprecio de sus bienes, más concretamente en el de sus libros, realizado el 25 de febrero de 1763 por el maestro librero Rodrigo García, en el que se detallaron todos y cada uno de los 354 tomos de los que constaba su biblioteca, número bastante elevado, como vemos, para un artista tan discreto. Todavía sorprende más que entre la gran cantidad de títulos relacionados con la Historia, sin duda su género preferido, las vidas de santos, la Literatura y, aún, la Filosofía, sólo encontremos relacionados con su actividad "tres tomos de Arquitectura", citados sin ningún tipo de especificaciones (23).

Finalmente, es necesario referirse a José. De él debemos señalar, primeramente, y según sus propias palabras, la permanencia en el taller "desde la edad de dies y seis años"(24) hasta el citado año de 1755. Sin embargo, no limitaría únicamente su labor dentro del núcleo familiar a la de ser oficial del mismo pues sería obligado por parte de su hermano mayor a "cuidar de la casa en todas las faenas mecanicas, porque no havia otro moso, ni mosa [...] a lo que concurria sin faltar a las oras de el trabaxo"(25). Por contra, la recompensa a todo esto se limitó por parte de Matías a suministrarle simplemente, y como ya hemos anotado, comida y, de manera bastante precaria, vestido. De esta manera, en su declaración de 1762 se le preguntaría "de donde le prosedia el dinero conque era presiso ocurrir a vestirse de medias, sapatos, sombreros y otras menudencias presisas para vestirse el hombre [...] dixo que para las prendas referidas y que no le dava su hermano, travajava los días de Fiesta y de noche y algunas siestas y que en otras oras en que no perxudicava el Jornal que devia ganar en un dia de travaxo, comprava las dhas. prendas"(26).

Ante esta desfavorable situación no extraña que los lazos fraternales se rompieran pocos años después de la muerte del padre y que José optara por trabajar fuera de Jerez en los talleres de otros maestros. Recordemos a este respecto que en el tiempo en el que transcurrió el pleito era nuevamente vecino de El Puerto, aunque quizás permaneciese esporádicamente en otros centros artísticos, como sabemos que hizo en Cádiz, de donde afirmó haber ganado doce reales diarios, cantidad sensiblemente superior a los cuatro reales que le atribuiría Matías al ser interrogado años después por el jornal que podía obtener su hermano según sus dotes de tallista, "porque es muy corto oficial", según llegó a asegurar (27).

En este sentido, son significativas las declaraciones de 1760 por parte de los antiguos oficiales Bernardo Serrano, Pablo Novela y Domingo de Sierra por lo que elogiosas tienen acerca de su figura. Así, en primer lugar, destaca el contradecir lo defendido por el primogénito de los Navarro acerca del hecho de que José, junto a su hermano Diego, trabajase sólo "por temporadas", cuando se llega a reconocer, como ya sabemos, que "ademas de estar trabaxando en su exerzizio en la oras que es regular, se excedia practicandolo de noche y en otros Ratos que estan Destinados para el descanso". Y, en segundo lugar, se descarta la escasa calificación de José Navarro como oficial, ya que es considerado como "bueno y muy prolixo en su exercicio" (28).


1.3- EVOLUCIÓN DEL TALLER Y OBRA DOCUMENTADA


Sus orígenes, como apuntábamos al principio, debemos buscarlos en la vecina localidad de Lebrija, lugar donde se establecería el sevillano Juan de Santa María Navarro, patriarca y maestro de esta familia de retablistas. Allí dejarían una parte importante de su obra, abarcando un extenso periodo que se halla en torno a los cuarenta años, es decir, desde las primeras piezas del padre, documentadas en la década de los veinte, hasta los últimos testimonios que hemos tenido la suerte de encontrar, que llegan a los años 60. De hecho, resulta significativo señalar como, a pesar del sucesivo traslado del taller familiar primero a El Puerto y definitivamente a Jerez, nunca se perdieron los vínculos con el pueblo que lo vio nacer. Y es más, podemos decir que el viejo obrador de la lebrijana calle Cataño siguió manteniéndose abierto en posteriores años para atender a la aún destacada demanda local, algo que constata la presencia permanente de uno de sus oficiales, Juan Alonso López, desde 1757 (29).

En esta etapa inicial lebrijana parece evidente la importante participación de Matías José en las obras contratadas por su progenitor, llegando pronto alcanzar cierta independencia. Así, realiza el retablo mayor de las Concepcionistas (1729-31), en mancomunidad con su padre, el de Ánimas de Santa María de la Oliva (1730) y la caja del órgano de dicha iglesia (c.1736). Sin embargo, debieron de ser tempranos los contactos con pueblos y ciudades cercanos, como fue el caso de Arcos, para la que ejecutarían el retablo mayor de San Juan de Dios en 1735 (30).


Retablo mayor de las Concepcionistas de Lebrija.

En cualquier caso, ya, al menos, a principios de los años 40 nos encontramos a los hermanos Navarro avecindados en El Puerto de Santa María, en busca, sin duda, de mayores perspectivas laborales. Desde allí, el salto al mercado artístico jerezano sería inmediato: de 1741 son la cajonería de la sacristía de San Mateo y los facistoles de San Marcos y Santiago. (31)

Pero, no será lógicamente nuestra ciudad el único destino de sus retablos, y demás objetos lígneos del ajuar litúrgico, pues de esta misma época son los de la Antigua y San Pedro de la parroquia arcense de Santa María, a los que debemos unir otros, realizados durante toda esta década de los cuarenta, como los mayores de la capilla de la Aurora, de San Francisco y Santa María de Jesús, en Lebrija, y del convento de la Concepción, en El Puerto, atribuidos todos ellos por Herrera García (32), además de los citados a lo largo del pleito y que ahora presentamos, aunque no se especifican fechas exactas en su ejecución, tal es el caso del retablo de la orden tercera de Rota, mencionado en el testamento de Juan de Santa María, de la cajonería de la sacristía de la parroquia de Las Cabezas y cierta obra en Trebujena, que significaron deudas a favor del caudal de su padre a la muerte del mismo, además del retablo mayor del convento lebrijano de Jesús, que éste dejó contratado y que realizó Matías José "con distintos oficiales sin concurrencia de sus hermanos porque estavan travaxando en el Puerto en otras obras con que concurrir"(33).

A todos ellos habría que unir quizás en este periodo el retablo mayor del convento portuense de San Francisco, como consta de la declaración de José de 15 de febrero de 1762, del que afirmó ser la única obra que no se ajustó en nombre únicamente de Matías, pues "no se contentaron los Padres de aquel convto. sino quisieron que entraran juntamente el declarante y dho. D. Diego su hermano".(34)


Detalle del retablo mayor de la iglesia de San Francisco de El Puerto.

Como vemos, el campo de actuación, en lo que a extensión territorial se refiere, fue relativamente amplio. Por ello, la atención a esta demanda dispersa provocó, a su vez, la dispersión de los distintos miembros del taller. De este modo, todo parece indicar que el mayor de los Navarro, aunque sin perder nunca su puesto preeminente, confiaría en sus hermanos y demás oficiales la práctica ejecución de las obras de menor envergadura para, por su parte, poder intervenir de forma más directa en piezas de mayor importancia. Y esto, por supuesto, obligó a contar con los servicios de un número suficiente de tallistas, escultores y ensambladores con el objetivo de atender a los múltiples compromisos adquiridos (35).

En relación con esto último, se hace mención a lo largo del documento a una serie de oficiales, anteriores o coetáneos al momento del pleito. Son los casos ya referidos de Juan Alonso López, de Bernardo Serrano, que permaneció vinculado a ellos por "tiempo de veinte y cinco años asi en esta Ciudad, villa de Vejer, de Lebrija y Puerto de Santa Maria"(36), de Pablo Novela, quien, además de en las obras jerezanas mencionadas, participó en otras portuenses(37), y de Domingo de Sierra, que estuvo "travaxando en el exercicio de tallista con los tres hermanos en cuias casas comio y durmio tiempo de quatro años"(38), a los que debemos unir otros como Antonio Parrado (39), Antonio de la Cruz o José Lobo (40).

En otro orden de cosas, resulta necesario referirse al aspecto que más nos interesa, que no es otro que el traslado de los Navarro a Jerez y su actividad artística en ella. En este sentido, podemos especificar con total claridad su establecimiento definitivo en nuestra ciudad a partir del año 1750, fecha en la que hemos hallado la escritura de compra por parte de Matías José de la casa que a partir de entonces albergaría el taller, situada en calle Carpintería Alta (41).

Al margen de las obras ya citadas, que sin duda sirvieron para darse a conocer ante los comitentes jerezanos, el más inmediato precedente, además de ser la primera pieza de envergadura que poseen documentada en Jerez, es el retablo mayor del convento de San Juan de Dios, actual de San Juan de Letrán, que, como ya se dijo, fue concertado en 1748, siendo aún vecinos del Puerto. Aunque obra discreta, debió de crear en nuestros artistas grandes expectativas para futuros trabajos de relevancia. Sin embargo, debieron de encontrarse con una fuerte competencia por parte de los maestros locales, pues llegarían a coexistir con artistas como Camacho de Mendoza o Medina y Flores, dentro de un primer momento, o Andrés Benítez, ya en los últimos años, todos ellos claramente superiores técnicamente. De hecho, si atendemos al número, importancia y calidad de todo a los Navarro documentado por aquel tiempo en la ciudad, no podemos más que situarlos en una segunda fila dentro de la retablística local coetánea (42) .

En este sentido, hay que llamar la atención en torno a la coincidencia de la venida de los lebrijanos con el inicio de uno de los principales retablos jerezanos ejecutados en la centuria, el mayor de la parroquia de Santiago, obra que contrató el 10 de Enero de dicho año Francisco Camacho. Curiosamente, Falcón Márquez (43) le asigna a Matías José su diseño, algo que, sin embargo, no consta en el mencionado contrato(44). Pero, si damos por válidas las afirmaciones de este historiador, tendríamos aquí un claro testimonio de su inferioridad ante el hecho de no haber conseguido la ejecución del mismo.

Ante esta situación desfavorable, tuvieron que conformarse con la realización en ese mismo año de un retablo lateral, el del Santo Crucifijo de la parroquia de San Miguel(45), en el que estarían dedicados hasta finales del año de1752 (46).En cualquier caso, nos encontramos en un momento anterior a la posible crisis que supondría la ruptura de los lazos laborales de José, Juan y Bernardo con Matías y Diego; y es que ese mismo año, siendo aún todos vecinos de Jerez, otorgan conjuntamente un poder a Manuel Antúnez "vecino de la villa de Lebrixa para en nuestros nombres y representando nuestras personas pueda percivir, aver y cobrar quales quiera cantidad de mrs. que por cualquiera razones se nos deva en la villa de Lebrixa ..."(47).

De problemática datación es el retablo de Ánimas de San Mateo, hasta ahora anónimo. En efecto, la ya reiterada declaración de Pablo Novela nos ha permitido documentar esta última pieza, en la que afirmó haber trabajado como oficial, al igual que en la citada cajonería de la misma parroquia, en cuya obra intervino, al parecer, bajo la dirección de José Navarro, extremo éste que negaría en 1761 Matías asegurando que "asistio dho. su hermano como sobre estantte y no como Maestro porque quien lo fue era el declarante que dava bueltas de tiempo en tiempo a ver las obras y a trasar y disponer lo que avian de haser"(48). Admitiendo esto como cierto, habría que situarlo en una fecha anterior a la marcha de José en 1755. Sin embargo, se contradice esta afirmación con lo dicho por Alonso de la Sierra y Herrera García acerca de la cronología del mismo, para los que su ejecución no debiera ser anterior a 1759 (49).

A partir de este último año, en el que realiza el retablo del Cristo de la Viga de la parroquia de San Marcos(50), empezamos a encontrar la rocalla en las obras ajustadas por Matías, en un intento de adaptarse a los nuevos tiempos. No se llegará, sin embargo, y tal y como apuntó Aroca Vicenti, al dominio del lenguaje del rococó, sobre todo si se le compara con su principal representante jerezano, Andrés Benítez. Aún así, igualmente se ha atribuido por parte de investigador Recio Mir al primogénito de los Navarro una pieza algo anterior a ésta (c.1756), donde igualmente se combinan estípites con rocallas, el retablo mayor de la capilla sacramental de la parroquia de Lebrija, siendo esta última de factura sensiblemente mejor(51).


Retablo de la capilla del Sagrario de la parroquia de la Oliva de Lebrija.

Al año siguiente, momento en el que se inicia el pleito, como ya indicamos, se estuvo trabajando en un retablo para el convento de mínimos de Puerto Real, que según la mencionada declaración del corrector del convento homónimo portuense, comitente del mismo, debía estar colocado el día treinta del mes de septiembre, y en un monumento para la parroquia de Villamartín.

Curiosamente, estos difíciles años no supusieron un menoscabo de la actividad, dedicándose de 1761 al 62 a la realización de una obra de cierta envergadura, el retablo mayor de la parroquia de la O de Chipiona, hoy desaparecido (52).

Finalmente, en el 64 encontramos la última de las piezas documentadas hasta ahora del obrador de los Navarro, el retablo de San José de la iglesia de San Lucas (53). Posiblemente, sea también de su mano el colateral del evangelio del mismo, dedicado a Santa Ana, muy semejante estilísticamente y del que sabemos que en el 24 de abril de 1773 se obtiene permiso por parte del propietario del altar, Fray Diego Álvarez, "presbitero regente de estudios del Real Convento de Ntro. Padre el Sr. Sto. Domingo", para "colocar en el mismo citio un retablo nuebo que iguale con el colateral yzquierdo"(54). De todas formas, se trataría de una obra ya muy tardía, en la que Matías alcanzaría la respetable edad de ochenta y tres años. En este sentido, desconocemos aún el año defunción de éste último, que supondría casi con toda seguridad la desaparición del taller familiar, del que fue, a pesar de todo, su alma máter.

Para terminar, debemos dedicar unas líneas a la valoración que la obra de estos retablistas lebrijanos han tenido por parte de la historiografía. Al respecto, comentamos el escaso desarrollo y calidad de sus realizaciones jerezanas. Tal y como parecen reflejar los distintos testimonios expresados en el reiterado pleito, la mano del más dotado de todos, la del ocioso Matías José, debió de limitarse en muchos casos a la elaboración de los diseños e inspección de lo realizado, siendo muy importante por ello la actuación de sus hermanos y demás oficiales, aspecto que debemos considerar como determinante en el resultado final de muchas de las piezas.

Pero frente ello, tenemos los recientes elogios que sobre sus retablos lebrijanos han emitido Herrera García y Recio Mir, quienes han destacado la "inequívoca filiación balbasiana" de su estilo, la "elegancia y preciosismo" de sus estípites y el "virtuosismo técnico" de su decoración (55). Una doble cara que resulta problemática, aunque se pueden ofrecer distintas explicaciones, que pasarían, además de lo ya esgrimido, por la intervención paterna de Juan de Santa María o la importancia de los encargos.

De cualquier forma, y aunque creemos que el descubrimiento de la documentación que ahora publicamos puede suponer un significativo avance, quedaría aún mucho por profundizar acerca del estudio de este activo pero controvertido taller, algo que parece esencial para la historia del arte dieciochesco de toda la comarca.


2- JUAN DE BARGAS Y LA ARQUITECTURA CIVIL JEREZANA DE SU ÉPOCA

Es de sobra conocido el destacado desarrollo que la arquitectura doméstica alcanzó en Jerez durante la segunda mitad del siglo XVIII. Aspecto tan interesante dentro de nuestra Historia del arte no ha estado acompañado, por desgracia, de una investigación y estudio profundos. Y es que, aunque ya en los años 40 llamó la atención del sevillano Sancho Corbacho, quien le dedicó una somera aproximación en su "Jerez y los Puertos"(56), hubo que esperar a los 80 para encontrar las primeras aportaciones documentales del historiador jerezano Fernando Aroca Vicenti, indiscutiblemente el mayor investigador del arte dieciochesco de nuestra ciudad(57). Posteriormente, y a excepción de la controvertida obra de Teodoro Falcón Márquez "Arquitectura barroca en Jerez"(58), prácticamente nada se ha tratado, y menos avanzado, al respecto.


Frente a esto, presentamos ahora algunos datos inéditos que quizás puedan suponer un pequeño avance sobre el estado casi embrionario de este asunto. En este sentido, hemos querido centrarnos especialmente en la figura, hasta no hace muchos años desconocida, de Juan de Bargas, de la que la historiografía ha observado su intervención destacada en la arquitectura religiosa coetánea, pero de la que también nosotros intuimos un papel significativo, a raíz de la documentación hallada, en la configuración y desarrollo de la casa jerezana del XVIII. Por ello, esperemos que pronto a esta modesta aportación nuestra se sumen estudios más completos que vengan a alcanzar un mayor conocimiento acerca de esta interesante manifestación artística local.


2.1- LA OBRA CIVIL DE JUAN DE BARGAS


El punto de partida debemos colocarlo en el año de 1764, fecha en la que se localizan sus primeros trabajos documentados de carácter civil. Así, el ocho de Febrero y ante el escribano Alonso Romero Carrión, siendo vecino de la calle de la Caridad, en la collación de San Dionisio, se obligó hacer una "obra nueva" en las casas de Juan Martínez Aparicio de la calle Corredera siguiendo "un Diseño o planta que le he dado y tiene en su poder firmado de mi Puño y suio". Se comprometió "a hazerla y darla acabada por el dia del Sr. Sn. Juan Bautista del mes de Junio que viene de este año de la fecha". Los trabajos consistirían en levantar una nueva fachada y una amplia reforma del interior, valorándose en la cantidad de 19.000 reales de vellón (59).


Desgraciadamente, nada parece quedar ya de este edificio, aunque conservamos su descripción. En este sentido, su única fachada nos mostraría, curiosamente, un alzado algo diferente al modelo que años después se haría habitual en Jerez:
"...la Pared [...] hazerla de mamposteria, la Puerta principal de dha. cassa de canteria labrada de pilastras codillos de Jamba y cornisa corrida, en todo el asiento del valcon que este sera de quatro varas de largo y una de Buelo lo menos con su meza dho. Balcon correspondiente, y lo restante del testero de la calle dos repisas de cornisas como la de la Puerta donde hay que Asentar dos rexas, y en el resto de dha. Pared y espacio su Ymposta segun lo mandare dha. cornisa haziendo todos los huecos de dho. testero de las Puertas y ventanas de Piedra labrada y las dos esquinas de lo mismo quedando en su Altura de dos cuerpos el primero de cinco varas de Alto y el segundo de quatro y media teniendo por final otra cornisa de la que se moveran cuatro Pilastras en resalto sobre sus tambanillos todo de piedra Labrada para conformazion de un Pretil con sus remates sobre las Pilastras de Loza Azulejo vidriado de Sevilla, y en dha. fachada se han de poner tres rexas una tendida en la caballeriza y dos ventanas Altas y en medio su Valcon como queda dho. de tiradillo y Planchuela ordinaria haziendole a las dhas. Puertas y ventanas y caballeriza sus Puertas de madera en todos sus huecos el primero y segundo cuerpo y las del valcon de Mainel ..."(60).


De 1764 nos consta también la edificación de la casa de Ana y Estefanía Guerrero Lobo en la calle Medina, que igualmente corrió a su cargo, según se especifica en otra escritura de obligación otorgada ante el mismo escribano el 19 de Agosto. En ella ambas hermanas declaran "que por quanto Juan de Bargas vecino de esta Ciudad y maestro de obras de Albañileria para labrar las casas de nuestra morada [...] las que tomamos siendo solar a tributo de Dn. Antonio Langara Presvitero Beneficiado de la Parroquial del Sr. Sn. Miguel por escriptura que paso ante Dn. Franco. Rodriguez esno. pco. en el pasado de mil setesientos sesenta y tres, nos ha suplido el dho. Juan de Bargas de materiales y Jornales que se han comprado y pagado para la construccion de la fabrica de dha. obra dos mil nuevecientos setenta y siete rs. de von. de cuia cantidad en caso necesario nos damos por contentas y entregadas a nuestra voluntad y en rason de su resivo por no ser presente renunciamos la esepcion..." (61). En este caso, no se facilita ningún tipo de descripción por lo que es dificil precisar su persistencia actual.


Sin embargo, será a principios de la década de los setenta cuando emprende una de sus principales obras, uno de los edificios clave del barroco jerezano y que hasta ahora seguía indocumentado: las casas de Juan Dávila Mirabal en la plaza del Arroyo, que engloban el llamado hoy palacio Bertemati.




Así lo certifica una imposición de censo que el mencionado Juan Dávila realizó "en favor de los vinculos de D. Garcia de Cuellar y de D. Bartolome Basurto por agregacion de Dª Cathalina Basurto", fechada a 25 del mes de Diciembre de 1772. En este sentido, la declaración que al respecto realizó Miguel Basurto y Cuéllar, "en calidad de apoderado" de su hermano Bartolomé, propietario de ambos vínculos, nos puede poner en antecedente:

"... es bien notorio en esta ciudad, el basto caudal en bienes raices que el dho D. Juan posee aunque en comunidad con otros dos hermanos suios entre el cual se enumeran las sumptuosas casas de resiente fabricadas en la Plaza del Arroyo de esta Ciudad, por donde principiar los linderos de las demas que privativamente a adquirido segun las escripturas que ha producido y las mismas en que continua aquella sumptuosa obra de las de su morada para su mayor perfeccion [...] comprehendo sera mui util a dho. mi hermano y sus maiorazgos que sin demora se haga aquella imposicion; pero sin perjuicio de esto debo advertir que continuada aquella obra, e incorporacion de casas de nueba compra con las dhas principales es posible se cause confusion obscurecidos los linderos de estas de nueba adquisicion con las antiguas; que es de creer tengan suspensiones y cargas reales y que de aqui para lo sucesivo y casos que puedan ocurrir no se pueda averiguar quales sean las dhas. casas de nueba adquisicion sobre que se va hazer la imposicion, qual su extencion y baras de que compongan, por lo que pareze justo que de este particular previamente a la imposicion quede evaquada y que de ello conste por certificacion de peritos que en la escriptura de dha imposicion se inserte con este expediente ..." (62).

De este modo, se recogerá la certificación de los "maestros fabricantes de dha. obra", que serían nombrados el 19 de Diciembre de dicho año. Nos muestra ésta una autoría colectiva, aunque no debemos dudar del papel predominante que debió de ejercer Juan de Bargas en las trazas y realización del edificio.

Por su interés vemos necesario reproducir dicha certificación íntegramente:

"Los infraescritos maestros Declaramos y en caso nesesario Juramos Que las casas que comprehenden las tres escripturas que se han presentado la una de D. Alfonso Bernal otra de D. Andres Riquelme y la otra ultima que comprehende parte del dho. D. Alonso y parte de D. Agustin Bernal hermanos para Ebaquar el encargo dezimos que todas las referidas casas estan situadas en la Plaza del Arroyo Collacion del Sr. S. Salvador sus linderos son por la derecha de su frente una cochera y lleba un almiscate y juridicion desde el dho Arroyo hasta calle Limones por la siniestra frente con casas del jurado D. Francisco Novela y por la espalda con casas de D. Pedro Juan Martin parte y parte con dha calle Limones todo este resinto comprehende el dho en ocho cientas secenta y siete varas superficiales en su area y por el diseño que se nos ha encomendado que parte esta ya construyda Regulamos que podra ganar en Renta annual la fabrica que alli se acabe de construir la cantidad de quatro mil rr. vn. pues segun los materiales que se nos han presentado para su colocacion y que solo resta acomodarlos nos da evidencia de lo que llebamos Declarado en Xerez y Diziembre veinte y dos de mil setecientos setenta y dos". Firmas: Juan de Bargas, Juan de Vargas Lorenzo de Fuentes y Agustín Gutiérrez (63).

Debemos resaltar en relación con el texto anterior dos aspectos principales. En primer lugar, es necesario llamar la atención acerca del proceso constructivo del edificio. Así, tal y como se especifica, la obra se hallaba ya bastante avanzada por estas fechas, ampliándose ahora sus dimensiones a través de la compra de tres casas aledañas. Y es que, efectivamente, a continuación se reseñan cada una de las tres escrituras de venta, fechadas el 19 Abril y 25 de mayo de 1771 y el 12 de Agosto del 72, respectivamente, que supondrían la citada ampliación, conformando toda la mitad derecha que contemplamos hoy desde la plaza del Arroyo (64).

En segundo lugar, y en este sentido, hay que destacar el hecho de que ambas partes del palacio actual, claramente diferenciadas por sendas portadas, respondiesen a un proyecto global y unas mismas manos. De hecho, Sancho Corbacho las consideró resultado de distintos periodos, adjudicando, sin la más mínima referencia documental, a la zona principal la fecha de construcción de "hacia 1785", mientras a la otra, a la que denomina antigua casa de Ramón Díaz, la sitúa en el último decenio del siglo pues "los motivos decorativos van cediendo terreno ante cierto purismo en el empleo de los elementos arquitectónicos precursores del neoclasicismo" (65). Una consideración, como vemos, del todo errónea, y más si comparamos la portada de esta última con la espadaña de San Marcos, obra documentada de Juan de Bargas y realizada en 1774 (66), con la que mantiene una estrecha relación estilística.





De todas maneras, aún hoy sorprende, a pesar de las innegables semejanzas estructurales, la diversa factura de ambas portadas: la principal, que sin duda se puede considerar justamente como la obra cumbre de las portadas civiles jerezanas del XVIII, debido a su belleza y a la complejidad y riqueza de su ornamentación (67), hace pensar en la intervención del cincel de un escultor en la talla de la decoración (68), mientras la segunda, por su parte, presenta una mayor sobriedad ornamental y una clara tosquedad en sus elementos figurativos.


La supremacía artística de la primera de ellas hizo que el citado Sancho Corbacho la adjudicara al arquitecto sevillano Antonio Matías de Figueroa (69), atribución que ahora se descarta, aunque no debemos por ello negar el evidente influjo o paralelismo que en esta obra existe del estilo de la familia Figueroa. Influencia o conexión que, más que en el propuesto modelo para su portada en la del hispalense palacio de San Telmo, de la que en todo caso sería una versión bastante libre y simplificada, pasaría, por ejemplo, por el empleo del perfil ondulado en el vano de la puerta. Un motivo que la conecta con las cornisas de edificios como la iglesia del antiguo convento de San Pablo en Sevilla, de Leonardo de Figueroa, o el sagrario de la parroquia de San Pedro en Carmona, de su hijo Ambrosio, obra esta última con la que también comparte la decoración de rocalla y los motivos de pabellones. En este sentido, en la monografía dedicada a este último por Juan Antonio Arenillas se presupone su conocimiento de los tratados de Fray Juan Ricci y Guarino Guarini y de sus propuestas sobre el "orden salomónico entero" (70); un aspecto que también parece reflejarse en Bertemati, y no sólo en el citado vano sino también en los entablamentos, donde se rompe igualmente la rectitud clásica a base de ondulaciones, de forma tímida en los extremos del inferior, a pesar de su potente movimiento de planta, y de manera grandilocuente en el superior.




Pero no es éste el único elemento de conexión con el estilo de los Figueroa. Así, en el interior, en el acceso desde el patio a la escalera, hallamos una peculiar tipología de arco, caracterizado por enrollarse sobre sí mismo formando volutas, que también fue empleada con frecuencia por Ambrosio (71) . Un modelo que, aunque de manera menos ampulosa, se repite de forma recurrente en el patio de la antigua casa del marqués de Montana, otro importante edificio civil de la época que se levantaría también por aquellos años (72). Una obra con la que tradicionalmente se ha relacionado a Bertemati, con la que mantiene indiscutibles afinidades, por lo que no podemos descartar la posible intervención en ella de la mano de Juan de Bargas. Pero, en cualquier caso, lo único que parece evidente es la notable trascendencia que la edificación de las casas de Juan Dávila Mirabal supondría en la arquitectura doméstica jerezana inmediatamente posterior, especialmente en la configuración de sus vistosas portadas pétreas con balcones de dinámica planta, que hacen tan genuinos e inconfundibles a estos edificios.




No es de extrañar que tras esto la fama de Juan de Bargas resultase acrecentada y su carrera profesional definitivamente consolidada. Con toda seguridad, no le faltarían los encargos de carácter civil, como tampoco escasearon los religiosos. Sin embargo, por ahora, no podemos ampliar la nómina de su obra jerezana. No obstante, contamos con un nuevo dato de interés que añadir al estudio de su trayectoria. Así, el 18 de Junio de 1773 y ante el escribano Cristóbal González se declara "deudor de D Pedro Mª de Vargas Machuca Davila de esta misma vesindad de cantidad de quinze mil rr vn prosedidos de una obra nueba de unas casas en la ciudad de Cadiz que se puso a mi cuidado y por no ser de presente su entrego y resibo renuncio la esepcion y leyes de la cosa no vista ni entregada y demás del caso como en ellas se contienen..." (73).


De esta curiosa noticia podemos entresacar varias ideas. En principio, nos hablaría de la posible proyección laboral de Bargas hacia fuera de nuestras fronteras locales, aunque, en cualquier caso, hay que destacar el hecho de que el comitente de esta obra gaditana sea jerezano e, incluso, tal y como hemos podido averiguar, sobrino del ya conocido Juan Dávila Mirabal, quien, sin duda, lo pondría en contacto con nuestro arquitecto (74) . Finalmente, debemos resaltar el hecho de que éste último renunciara a su ejecución lo que implicaría quizás la dedicación a más importantes compromisos.


Esto es, hasta el momento, lo que podemos ampliar sobre el estudio de esta interesante figura dentro del arte jerezano del XVIII, que bien merecería el reconocimiento de una investigación monográfica, además de ser deseable una eminente profundización sobre esta destacada faceta suya de arquitecto civil.


2.2- OTROS MAESTROS

Para terminar, completamos esta somera visión sobre nuestra arquitectura civil dieciochesca con la reseña a otros maestros de obra jerezanos cuya actividad en torno a este género de edificios hemos tenido la oportunidad de comprobar tras la consulta a diversas escrituras notariales.


Y empezamos con una de las principales figuras de la arquitectura jerezana de la época, Juan Díaz de la Guerra, conocido, como Juan de Bargas, por su obra de tipo religioso y del que ahora, igualmente, descubrimos su faceta, tal vez significativa, de arquitecto civil. El encargo le vino, no obstante, de una comunidad religiosa, "el colegio y comunidad de Nra. Sª de la Victoria". Efectivamente, el 23 de Noviembre de 1770 y ante Diego Flores Riquelme se obligó a "ejecuttar la obra de unas bodegas inmediatas a el en la calle Ponze y reedificar de nuevo una casa de su propiedad calle de Roda la Botta", todo ello por la cantidad de 17000 reales de vellón. Acerca de la última se precisa que debía realizarse "en los terminos y con sugecion a los condiciones que incluye un papel que se ha hecho que firmado mio del reverendo Padre Corrector y dho. infrascripto Escrivº queda en poder de dho. Reverendo Pe. Corrector"(75) .


Del mismo modo, nos consta la intervención del maestro de albañilería y "labrador de cantos" Pedro Cantero y el de carpintería Juan Falcón en la conclusión de unas casas propiedad de Joaquín Virués de Segovia en la calle de la Carpintería, cuya obra se obligaron a realizar el 5 de Septiembre de 1762, valorándose en la cantidad de 107729 reales de vellón (76).


Por otra parte, del maestro de obras Agustín Crespo Diosdado, del que ya Aroca Vicenti documentó su actividad en la arquitectura civil de la época (77), sabemos que realizó una serie de obras en el cortijo de Cañada Ancha, propiedad de Agustín de Hinojosa Adorno, que se obligó a hacer el 15 de Octubre de 1774 ante el escribano Cristóbal González por la cantidad de 4200 reales de vellón (78) .


Igualmente, el 8 de Marzo de ese mismo año y ante el mencionado escribano Jerónimo Mateos se obligó a realizar "una obra de albañilería y carpintería" en una casa perteneciente a Rafaela de los Ríos, situada en la calle San Pablo, que fue valorada en 230 pesos de a quince (79).


Por último, acabamos esta breve reseña con la referencia a otros dos maestros: Alonso Jiménez, quien declaró el 10 de Diciembre de 1772 dentro de un pleito sobre la propiedad de un pedazo de sitio haber hecho una obra "habra veinte y quatro o treinta años" en una casa enclavada en la calle Lancería y que perteneció a Francisco de Alva (80), y Antonio de Fuentes, del que nos consta que el 19 de Mayo de 1781 estaba ejecutando una obra en la casa de José García, situada en la "calle de Gaspar Fernandez frente de la de Viscocheros" (81).

________________
(1) Archivo de Protocolos Notariales de Jerez de la Fra. (A.P.N.J.F.), Oficio V, Escribano Cristóbal González, año 1766, f. 127, Autos Yntentados por parte de D. Joseph Navarro sobre que se le reciva cierta declaracion a D. Mathias Navarro, f. 79.

(2) Dentro del documento se inserta su testamento, otorgado en Lebrija el 21 de Mayo de 1745 ante Pedro Polanco de Aragón. En él se especifica ser "natural de la Ciudad de Sevilla, Parrochia de Sr.S. Salvador, y vezino que soy desta Villa de Lebrixa en la calle Castaño de ella, hijo lexitimo que fui de D.Alonso Navarro y de Dª Francisca del Castillo su lexitima muger, mis padres defuntos, vezinos que fueron de dha. Ciudad y el suso dho. natural de la villa de Montilla". (Ibídem, f. 11). Debió de establecerse en la mencionada población en torno a la segunda década del XVIII, realizando el coro y fascistol de la iglesia de Santa María de la Oliva entre 1725 y 1726, además del tabernáculo del altar mayor de la misma, "pieza que mereció la admiración de Duque Cornejo en 1739" e igualmente, junto a su hijo Matías José, ejecutó el retablo mayor del convento de las Concepcionistas entre 1729 y 1731, que se ha considerado la "obra cumbre de la retablística lebrijana y de este taller".

(Halcón, F., Herrera, F. y Recio, Á.: El retablo barroco sevillano, Sevilla, 2000, p. 232.)

(3) Ibídem, fs. 1 y 3.

(4) Ibídem, fs. 5-8.

(5) Ibídem, f. 32.

(6) Ibídem, f. 40.

(7) Ibídem, fs. 72 y 73.

(8) En su declaración, Bernardo y Juan renunciaron a su parte respectiva de la herencia paterna.

(9) Ibídem, f. 87.

(10) De este último se refería en su testamento Juan de Santa María declarando "que abra tiempo de mas de treinta años que passo a servir a su Magestad en uno de sus reximientos y aunque no se supo su paradero, he llegado a comprehender (aunque no con evidencia)
fallecio el suso dho. en la Batalla de Almanza". (Ibídem, f. 12)

(11) Ibídem, fs. 13 y 15.

(12) Ibídem, f. 16.

(13) Ibídem, fs. 17-22.

(14) Ibídem, f. 17.

(15) Ibídem, f. 59.

(16) Idem.

(17) A.P.N.J.F., oficio IV, Escribano Tomás López de Santiago, año 1758, ocho de Noviembre, f. 243. Aroca Vicenti, F.: "Aportaciones al estudio del retablo del siglo XVIII en la baja Andalucía: el modelo jerezano", en Laboratorio de Arte, nª 10, Sevilla, 1997, pág. 238.

(18) A.P.N.J.F., oficio V, Escribano Cristóbal González, año 1766, Autos..., f. 14.

(19) Ibídem, fs.78-9.

(20) Ibídem, f. 79. De Matías sabemos por sus distintas declaraciones que debió de nacer en el año de 1690. Por otra parte, hay que destacar que ha llegado a confundirse su identidad con la del tallista homónimo que ejecutó el tenebrario de la Colegial en 1757 (Pérez Regordán, M.: El jerezano Andrés Benítez y su concepto del rococó. Jerez, 1995, pág. 16). Pero los datos que sobre su vida aporta Repetto Betes no dan lugar a dudas sobre la distinción entre ambos (Repetto Betes, J.L.: La obra del templo de la Colegial de Jerez de la Frontera, Cádiz, 1978, págs. 253-254). No nos consta documentalmente una posible relación familiar entre ellos. Tampoco hemos hallado el testamento ni acta de defunción del primero, aunque a manera de anécdota podemos mencionar el caso de otro Matías Navarro, muerto en 1803 y residente igualmente en su misma calle y collación, que por las fechas es imposible identificar con nuestro protagonista, y quizás tampoco con el segundo (Archivo Histórico Diocesano de Jerez de la Frontera, Parroquia de San Lucas, libro 3º de defunciones, folio 64).

(21) Aroca Vicenti, F.: op. cit., pág. 238. Sabemos, en este sentido, que realizó en Lebrija la escultura del retablo de Ánimas en 1730 y la restauración del Cristo de la Veracruz en 1759 (Halcón, F. et allii, op. cit., pág. 171)

(22) A.P.N.J.F., oficio V, año 1766, Autos..., f. 79.

(23) Ibídem, fs. 100-105. Entre las obras que integraban su biblioteca se citan títulos tan variopintos como, por ejemplo, la "Historia de Sevilla" de Rodrigo Caro, la "vida de San Juan Nepumoceno", los dos tomos del "Quijote" o la "Introducción al estado político".

(24) Ibídem, f. 79.

(25) Ibídem, f. 4.

(26) Ibídem, f. 86.

(27) Ibídem, fs. 79 y 82.

(28) Ibídem, f. 5-8.

(29) En su declaración del 5 de Septiembre de 1760, en la que afirmó ser "mro. carpintero de lo blanco y ensamblador de retablos", argumentó que "con el motivo de estar agregado de oficial de Dn. Mathias vecino de la Ciudad de Xerez de la Frontera en su taller de escultor de que qual mro. le ordeno al que declara viniese a esta villa a executar la conclusion de unos retablos lo que con efecto suyo en compañía del dho. Dn. Mathias los que aviendose trasados como ya avian otras obras para su continuacion y dispuesto el referido Dn. Mathias el retirarse de esta Vª para despues volver a ella dispuso que el declarante se fuese a travajar en dhas. obras a las casas que tiene el dho. Dn. Mathias y quedaron de sus padres en la calle Cattaño en la dha. villa en donde establesiese el taller lo que en efecto executo el declarante y se fue a vivir a las mencionados casas con su familia en fuersa de dha. orden desde el dia primero de Diziembre del año pasado de mil setecientos y cinquenta y siete en donde a estado y esta presente continuando en las obras del dho. Dn. Mathias quien viene algunas veses a ver el estado de ellas ..." (Ibídem, f. 45).

(30) Halcón, F. et allii: op.cit., pág. 170.

(31) Aroca Vicenti, F.: op. cit., pág. 239. Verdaderamente notable es la escultura del evangelista que corona el fascistol de San Marcos, dotada de un inusitado dinamismo. Posiblemente sirvió de modelo para la figura de San Mateo del retablo de Ánimas de la homónima parroquia jerezana.

(32) Halcón, F. et allii: op. cit., pág. 171.

(33) A.P.N.J.F., oficio V, año 1766, Autos..., fs. 19, 79 y 82.

(34) Ibídem, f. 80.

(35) En su declaración del año 62 José afirmó sobre el número de operarios del taller "que algunas veses era presiso por dar prisa los amos de las obras entrar oficiales aiudantes que alguna ves a llegado a pasar de veinte los travaxadores". Sobre el sueldo que éstos ganaban continúa añadiendo "que los tallistas ganavan dies rs., los ensambladores de ocho a nueve, los excultores de dies a onse rs. asistencia de casa y comida" (Ibídem, f. 81).

(36) Ibídem, f. 5. En el Catastro de Ensenada aparece citado como maestro ensamblador. Se le conoce como obra propia parte de la sillería de coro de la Colegial, que terminaría Vacaro (Repetto Betes, J.L.: op. cit., pág. 254). En aquel año de 1760 vivía en la calle Laneros de la collación de San Dionisio. En la documentación notarial de la época aparece frecuentemente en tareas de aprecio de casas junto a Juan de Pina, con quien debió de mantener una estrecha relación a raíz de su trabajo común en la iglesia mayor jerezana.

(37) Ibídem, f. 7. Dijo tener 36 años. Dudamos, por ello, que sea el mismo que aparece como tallista en el Catastro de Ensenada. Vivía en la calle de la Justicia, en la collación de San Juan de los Caballeros.

(38) Ibídem, f. 8. Por aquel tiempo contaba con 42 años y residía en la plazuela de Belén, en la collación de San Lucas.

(39) Se le cita como "oficial de la casa" (Ibídem, f. 79). A veces aparece como Antonio García Parrado. Durante el inventario de 1760 los bienes pertenecientes al taller fueron depositados en su persona, constando ser vecino de la propia calle de la Carpintería alta (Ibídem f. 37). Curiosamente fue también oficial del obrador de Andrés Benítez (Pérez Regordán, M.: op.cit., pág. 39).

(40) Matías los cita en 1762 como oficiales que ganaban cuatros reales diarios, contradiciendo lo dicho días antes por su hermano José acerca del sueldo de los trabajadores del taller (Ibídem f. 85). Esta declaración vino a incidir en lo ya sostenido en otras anteriores por el mayor de los Navarro sobre el hecho de que su hermano sólo podría ganar dicha cantidad "porque es muy corto oficial", algo que ya rechazaron Serrano, Novela y Sierra en el 60, quienes calcularon su sueldo entre los ocho y los diez reales (Ibídem, fs 6, 7 y 8).

(41) A.P.N.J.F., oficio XI, escribano Alonso Romero Carrión, año 1750, 13 de Junio, f. 262,

(42) Sobre la valoración de su obra jerezana ver Aroca Vicenti, F.: op. cit., págs. 238 y 241.

(43) Falcón Márquez, T.: "Arquitectura religiosa en el Jerez del XVIII", en Actas de las IV Jornadas de Historia de Jerez, Jerez, 1992, pág. 49.

(44) Alonso de la Sierra, L. y Herrera García, F.J.: "Aproximación a la escultura jerezana del siglo XVIII: Francisco Camacho de Mendoza", en Atrio, nº 5, Sevilla, 1993, pág. 46-47.

(45) Merino Aranda, J.M.: "La capilla del Santo Crucifijo en San Miguel", en Jerez en Semana Santa, nº 6, Jerez, 2002, págs. 346-347. A.P.N.J.F., oficio XI, escribano Alonso Romero Carrión, año 1750, 6 de Octubre, f. 403.

(46) A.P.N.J.F., Oficio XI, escribano Alonso Romero Carrión, año 1752, 26 de septiembre, f. 416. Aunque el retablo debía estar concluido en dieciocho meses, su ejecución se extendió algunos más. Estando por aquella fecha ya colocado "hasta cornisas", Matías se obligó a darlo "concluido y puesto" el 10 de diciembre próximo.

(47) Ibídem, f. 128.

(48) A.P.N.J.F., Oficio V, escribano Cristóbal González, año 1766, Autos..., f. 82.

(49) Alonso de la Sierra, L. y Herrera García, F.J.: op. cit., págs. 44-45.

(50) Aroca Vicenti, F.: op. cit., pág. 241.

(51) Halcón, F. et allii: op. cit., pág. 232.

(52) Aroca Vicenti, F.: op. cit., pág. 239.

(53) Ibídem, pág. 241.

(54) A.P.N.J.F., oficio V, escribano Cristóbal González, año 1773, 24 de abril, f. 240.

(55) Halcón, F. et allii: op. cit., págs. 171 y 232.

(56) Sancho Corbacho, A.: Jerez y los Puertos. Madrid, 1947.

(57) Aroca Vicenti, F.: Estudios para la Arquitectura y Urbanismo del siglo XVIII en Jerez. San Fernando, 1989.

(58) Falcón Márquez, T.: Arquitectura barroca en Jerez. Jerez, 1993.

(59) A.P.N.J.F., oficio XI, escribano Alonso Romero Carrión, año 1764, f. 112-4.

(60) Ibídem, f. 112.

(61) Ibídem, f. 627.

(62) A.P.N.J.F., oficio V, escribano Cristóbal González, año 1772, f. 791. Aunque hemos hallado otros documentos referidos a la construcción del edificio, nos centraremos en la referencia a los datos emanados de dicha imposición de censo por respeto a la investigación que, sobre el mismo y dirigida por Fernando Aroca Vicenti, se encontraba en curso en el momento en el que tuvimos la suerte de descubrir su autoría.

(63) Ibídem, f. 796. Los nombres de Juan de Vargas Lorenzo de Fuentes y de Agustín Gutiérrez han permanecido hasta ahora inéditos, por lo que nada más conocemos de su trayectoria profesional. El 22 de Diciembre se toma declaración a ambos junto a Juan de Bargas, quien afirma "esttar como ttal maestro dirigiendo la obra", apareciendo el primero "como uno de los Dependienttes maestros de la obra", sin especificación acerca de su oficio, y el segundo "como maestro que es de carpinteria de dha. obra".

(64) Ibídem, fs. 798-9.

(65) Sancho Corbacho, A.: op. cit., pág. XVI.

(66) Aroca Vicenti, F.: Arquitectura y urbanismo en el Jerez del siglo XVIII, Jerez, 2002, pág. 216. Nos atrevemos también a relacionar estas obras con la fachada de la casa situada en la calle Corredera nº 35, muy semejante en estructura y detalles con la de Bertemati, por lo que hay que considerarla realizada por aquellos mismos años y obra posible de Juan de Bargas.

(67) Entre su rica decoración dominan los motivos militares en el cuerpo bajo, con una clara alusión al ilustre linaje familiar, mientras que en el segundo encontramos un marcado acento religioso a manera de auténtica exaltación eucarística. Acerca de esto último es lógico creer en la acendrada devoción que el comitente de la obra debió de mostrar hacia el Santísimo Sacramento, algo que queda constatado si consultamos el inventario de bienes pertenecientes a Juan Dávila Mirabal, realizado tras su muerte en el año de 1778. En efecto, resulta llamativo que entre el gran número de objetos se cite "un marco tallado y dorado de un relicario grande, que en el centro entre otras reliquias tiene el viril que tubo la Forma que echo a el suelo un reo de la Carcel desta Ciudad nombrado Antonio Lopez" (A.P.N.J.F., oficio VI, escribano Diego Flores Riquelme, año 1778, fs. 832-3). Una curiosa noticia de la que ya se hizo eco, por cierto, Trillo y Borbón: "En Lúnes 13 de Abril, y segundo dia de Páscua de Resurreccion del año de 62, fue cuando Antonio Lopez tiro á Su Magestad en la cuadra de la cárcel, que venia de la Colegial para que cumplieran con la Iglesia; y en el mismo dia fue puesto en la argolla, á presencia de todo el pueblo. [...]" (Trillo y Borbón, J.: Libro en donde están apuntadas todas las novedades acaecidas en esta ciudad de Xerez de la Frontera desde el año de 1753. Jerez, 1890. Págs. 3-4). Sin duda, este desgraciado hecho tocó el orgullo católico de Dávila, que debió de adquirir el famoso viril como motivo de testimomio público de fe, algo que reafirmaría y perpetuaría años después con la ejecución de la bella portada de su casa.

(68) La escultura en piedra alcanzó un desarrollo destacado en el XVIII jerezano, aunque sigue siendo un aspecto olvidado por la historiografía local. No hay que olvidar el nutrido conjunto decorativo de la hoy catedral o las esculturas de las portadas del sagrario de San Miguel (de muy buena factura las que ornamentan el exterior). Por ahora sólo conocemos la dedicación a esta modalidad escultórica de Jacome Vacaro, que ejecutó la portada de la sacristía de la antigua Colegial y que quizás pudo intervenir también en la decoración de las coetáneas casas jerezanas. Un ejemplo son los ángeles atlantes de la portada principal de Villapanés, muy cercanos a su estilo, como podemos comprobar al compararlos con algunas de sus tallas documentadas.

(69) Sancho Corbacho, A.: op. cit., pág. XVI. También en la obra del mismo autor Arquitectura barroca sevillana del siglo XVIII. Madrid, 1952. Pág. 329.

(70) Arenillas, J.A.: Ambrosio de Figueroa. Sevilla, 1993. Págs. 29-30.

(71) Sancho Corbacho, A.: Arquitectura..., op. cit., pág. 328.

(72) Aroca Vicenti, F.: Estudios..., op.cit., págs. 29-43. Joaquín Portillo afirmó que "se estaba labrando en 1776 y duró la obra 5 años." (Portillo, J.: Concisos Recuerdos de Jerez de la Frontera. BUC. Cuadernos de divulgación. Jerez, 1991. Pág. 35). En efecto, hemos hallado la existencia de las obras el 24 de Julio de 1776. En esta fecha se produce la venta de unas casas aledañas, protocolizadas en la escribanía de Diego Flores Riquelme. Se afirma que "hasen esquina a dho llano y a la calle que ahora llaman de Cavezas, que aunque antes de ahora hassian frente a dho llano con el motibo de estarse construiendo de nuebo unas casas grandes delante por el señor D Antonio Cavezas y Guzman Marques de Montana ..." (A.P.N.J.F., oficio VI, Escribano Diego Flores Riquelme, año 1776, fs. 384).

(73) A.P.N.J.F., oficio V, escribano Cristóbal González, año 1773, f. 383.

(74) Pedro María de Vargas era hijo de Juan de Vargas Machuca y de Beatriz Dávila, hermana de Juan Dávila (A.P.N.J.F., oficio V, año 1780, fs. 639 y 703).

(75) A.P.N.J.F., oficio VI, escribano Diego Flores Riquelme, año 1770, f. 796.

(76) A.P.N.J.F., oficio V, escribano Cristóbal González, año 1762, f. 420-51.

(77) Aroca Vicenti, F.: Estudios..., op.cit., págs. 20-1.

(78) A.P.N.J.F., oficio V, escribano Cristóbal González, año 1774, f. 623.

(79) Ibídem, f. 147.

(80) A.P.N.J.F., oficio IX, escribano Francisco Fernández Gutiérrez, años 1773-4, f. 183.

(81) A.P.N.J.F., oficio V, escribano Cristóbal González, año 1781, f. 207.





domingo, 23 de agosto de 2009

APROXIMACIÓN AL IMAGINERO DIEGO ROLDÁN SERRALLONGA


Publicado en Jerez en Semana Santa, n ° 10, Hermandad Sacramental del Santo Crucifijo de la Salud, Jerez de la Fra, 2006, pp. 347-355.



En el marco de nuestras investigaciones sobre el retablista dieciochesco Agustín de Medina y Flores con motivo de la reseña biográfica que hemos realizado para la Real Academia de la Historia y su Diccionario Biográfico Español, tuvimos la oportunidad de hallar interesante información sobre la vida y obra de este artista, destacado representante del retablo de estípites en Jerez y su área de influencia.


La lectura del “Inventario de libros impresos y manuscritos” perteneciente al Colegio de la Compañía de Jesús de Jerez, realizado en 1767 tras la expulsión de los jesuitas[1], prueba la importante participación de este retablista en la decoración de su iglesia en colaboración con el escultor sevillano afincado en Jerez Diego Roldán Serrallonga.

Atendiendo al carácter cofrade de esta revista, nos centraremos a partir de esta documentación en el estudio de la desdibujada figura de este imaginero, intentando fijar y contextualizar primero su actividad en la antigua iglesia jesuita para a continuación entrar a realizar una visión y valoración global de su vida y su obra a partir de los datos que conocemos hasta el momento.


1.- El retablo mayor y las imágenes roldanescas de la iglesia de la Compañía de Jerez


El 13 de Junio de 1733 el rector del colegio jesuita jerezano, el padre Francisco de Llerena, contrata la ejecución del retablo mayor de su iglesia con Agustín de Medina y Flores por precio de 22.000 reales de vellón. La documentación inventariada tras la expulsión demuestra que se pagaron una serie de cantidades a don Diego Roldan y Villavisencio por el precio de las esculturas del mismo[2]. El retablo, sin embargo, debió de comenzarse, como mínimo, algunos meses antes, ya que por una carta enviada poco después por el propio Llerena al cabildo municipal el 25 del mismo mes, solicitando poder trasladar el lienzo de los Stos. Martyres del lugar que debía ocupar el camarín central de Santa Ana, sabemos que el segundo cuerpo se había ya iniciado[3].




La historia de este retablo, cuyas obras de talla y escultura debieron de concluirse, quizás, en el año siguiente de 1734, continuó con su dorado y policromía, labores llevadas a cabo por Bartolomé Diego Camacho de Mendoza a partir del 12 de Septiembre de 1757, momento en el que firma contrato de obligación con el padre Bartolomé Carreño por el precio de 28.000 reales[4]. Diez años más tarde, tras la expulsión, dejará de cumplir su función en una iglesia que iba a ser reducida a oratorio. Se accedió a la petición de la parroquia de San Dionisio, siendo entregando oficialmente a la misma el 10 de Marzo de 1770[5]. El retablo fue instalado en la cabecera del templo patronal poco tiempo después por Andrés Benítez, apareciendo su “colocación y transformación con movimiento” en una declaración con fecha de 19 de Julio de dicho año dentro del interesante pleito que este retablista mantuvo con los carpinteros de lo blanco de Jerez como una de sus obras realizadas hasta ese momento[6].


La armónica reforma de Benítez, con adaptación a la forma semipoligonal del presbiterio y coronación con un airoso cascarón, aportó un sugerente sentido ascensional y envolvente a la espléndida y plástica estructura de Medina y Flores. Estípites con fustes de tendencia romboidal o una perfecta combinación de los menudos motivos vegetales con molduras de fuerte carácter geométrico son sellos de su autor. El dibujo escalonado de estas últimas y el peculiar modo mixtilíneo con el que se quiebra el entablamento del primer cuerpo posee, creemos, una clara vinculación con el estilo de Francisco Hurtado Izquierdo y sus seguidores, lo que plantea serias dudas sobre la formación artística de su autor.

Pero centrándonos en la figura protagonista de este artículo, habría que decir, en primer lugar, que Diego Roldán llevará a cabo en la decoración de esta obra un programa iconográfico dedicado a los titulares de esta antigua iglesia jesuítica de Santa Ana de los Mártires. Así, en el primer cuerpo encontraremos el grupo escultórico de Santa Ana enseñando a leer a la Virgen, tema típicamente barroco y auténtica santificación de aquella enseñanza que era dedicación principal del Colegio, y en las hornacinas laterales las imágenes de San José y San Joaquín, completando una breve e inmediata genealogía terrenal de Cristo, Aquel que Sacramentado se exponía en el manifestador central. En el segundo cuerpo, ocupando originalmente sus tres nichos, los llamados Santos Mártires de Asta, San Honorio, San Eutiquio y San Esteban, que alcanzaron la consideración de segundos patronos de Jerez y cuyo culto en el templo jesuítico databa de 1605, es decir, desde los primeros años de su fundación, llevada a cabo en 1603[7], esculturas que vinieron a sustituir, como ya sabemos, a una anterior representación pictórica. Tras la transformación de Benítez esta iconografía sufrirá una ligera modificación al añadir una cuarta hornacina a modo de remate, dentro ya del cascarón, para de este modo dejar el nicho central inferior al titular de la iglesia a la que fue finalmente trasladado el retablo en 1770, San Dionisio Areopagita, ajeno por tanto a la plástica de Roldán.



Todas ellas muestran la impronta de su autor, caracterizada, en el caso de sus imágenes de talla completa, por una frecuentemente ampulosa representación de ropajes de amplios pliegues que revisten de efectismo y dinamismo barroco a cuerpos de modelado anatómico discreto de factura y faltos de proporción y esbeltez en no pocos casos. Tallas de rasgos físicos muy estilizados, aunque algo secos y carentes de morbidez en muchas ocasiones, en sus representaciones femeninas, y de un carácter más rudo en las masculinas, de rostros de ancha nariz, labios gruesos (mayor el inferior) y abocetado tratamiento de cabello y barba, de ancho bigote, normalmente bífida y singularmente tallada separada de la patilla.

Pero no fue esta la única intervención del escultor en la Compañía. El 13 de febrero de 1737 se ajustan con Agustín de Medina los desaparecidos retablos colaterales de San Ignacio y San Francisco Javier, que al menos en el caso del primero parece que quedo sin realizar hasta el 12 de Mayo de 1741, fecha en la que se contrata una una nueba planta para el retablo del Sr. San Ignacio con el citado retablista, constando igualmente varios resibos de Don Diego Roldan a quenta de las estatuas que estaba haciendo para el mismo retablo, todo por precio de 12.000 reales[8].


También tenemos constancia de su autoría sobre la talla del Sagrado Corazón de Jesús de dicha iglesia, firmada por “Diego Roldan y Paul” y fechada el 13 de mayo de 1745, una de las primeras representaciones de esta iconografía, aunque en su estado actual, tras varias restauraciones, poco quede del estilo de su autor[9].


Queremos, por último, incidir en un aspecto de interés, la vinculación de otros miembros del círculo de los Roldán con este templo jesuita, algo que podría justificar también su propia intervención. De hecho, sabemos que su hermano Marcelino Roldán Serrallonga realizó en 1732 para ella dos pequeñas tallas de San Pablo Miki y San Juan de Goto, hoy en el Museo de los 26 Santos Mártires de Nagasaki[10], que quizás prueben una breve estancia de éste en Jerez. Por otra parte, existen dos interesantes tallas procedentes de esta iglesia, aunque de cronología presumiblemente anterior, que ofrecen acusados rasgos roldanescos. Nos referimos al San Ignacio, hoy en la Parroquia de Madre de Dios de Jerez, y a la Virgen de la Luz, en la actualidad en la de San Marcos. Tallas estrechamente vinculadas con un excelente grupo de imágenes del primer cuarto del XVIII repartidas en diferentes iglesias de Jerez y El Puerto de Santa María, principalmente, y que responden estilísticamente a unas mismas manos o, al menos, a un mismo taller: la Virgen del Mayor Dolor, el grupo de la Piedad y las imágenes titulares del Desconsuelo de las respectivas cofradías homónimas jerezanas[11], el relieve de la Anunciación de la iglesia San Francisco y la imaginería de los retablos mayor y de la Orden Tercera de la de Santo Domingo[12], todas ellas en Jerez, y la imagen cristífera titular de la cofradía del Nazareno[13], la Virgen del Mayor Dolor y el apóstol San Juan de la de la Veracruz[14] o la imaginería del retablo de Ánimas de la Iglesia Prioral[15], en El Puerto de Santa María. Aunque algunas de ellas han sido relacionadas con el jerezano Francisco Camacho de Mendoza o su círculo[16], creemos que existen suficientes diferencias estilísticas para poner en duda esta teoría. Sin embargo, todas ellas presentan, desde nuestro punto de vista, innegables puntos en común con la obra de la familia Roldán, por lo que estarían en relación con un artista perteneciente a la misma o bien un seguidor inmediato, muy activo en la zona durante este primer cuarto del siglo, nada raro si tenemos en cuenta el constante trabajo que esta saga de artistas desarrollará para diferentes ciudades y pueblos de la actual provincia de Cádiz, incluida la propia Jerez[17].

2.- Vida y obra


Son muy pocos los datos biográficos que de él conocemos por ahora[18]. Sabemos que Diego José Roldán Serrallonga nació en Sevilla hacia 1700 en el seno de esta ilustre familia de artistas. Sus padres fueron el también escultor Marcelino Roldán Villavicencio (1662-1709), hijo del gran Pedro Roldán (1624-1699), y su segunda esposa Josefa de Velasco y Serrallonga. El matrimonio tuvo lugar en 1698, naciendo durante los años siguientes cada uno de sus cinco hijos[19]. Tempranamente, en 1709 muere su padre, por lo que se ha supuesto que la formación artística de Diego, al igual que las de sus hermanos Marcelino (c.1700-1777) y Jerónimo (c.1701-c1780), asimismo escultores, debió de llevarse a cabo junto a su tío Pedro Roldán Villavicencio o junto a su primo Pedro Duque Cornejo (1678-1757). En 1715 aparece como testigo de su madre en una escritura de arrendamiento otorgada en Sevilla, única noticia de sus primeros años de vida en su ciudad natal[20].


Compartirá con sus hermanos unas discretas dotes escultóricas[21]. Posiblemente, la propia conciencia de esas limitadas cualidades artísticas le llevaría a tomar la decisión de trasladarse a Jerez, donde gracias al renombre de su apellido y a una más escasa competencia[22] tendría la oportunidad de trabajar con cierta aceptación para una nutrida clientela no sólo local, sino también de los pueblos y ciudades de su entorno. No olvidemos tampoco los ya comentados antecedentes familiares en la zona, que bien pudieron allanar el camino profesional del joven artista sevillano por estas tierras.


Lo único cierto es que ya desde 1722, cuando contrata el relieve del retablo de Ánimas de la parroquia de Santiago de Jerez, consta encontrarse avecindado en ella, más concretamente en la calle Lancería, dentro de la collación de San Miguel. El contrato de esta obra nos demuestra la rápida integración en el ambiente artístico jerezano, mostrándonos de manera muy significativa sus primeros contactos con otros artistas pertenecientes a él, caso de Francisco López, autor de la arquitectura del retablo, y de Alonso Barrero[23], maestro entallador que aparece como uno de sus fiadores[24]. Y es que hay que destacar que los documentos prueban que la actividad de Diego Roldán siempre estuvo limitada a labores meramente escultóricas, por lo que se vería obligado, a pesar de todo, a establecer estrechas colaboraciones con retablistas locales para de esta manera asegurarse un constante trabajo en la ciudad y su comarca. En este sentido, no es desdeñable pensar que esta colaboración entre López y Roldán pudiera haberse extendido a otras de las obras jerezanas del primero, aunque, en cualquier caso, resulta más que evidente la persistente alianza profesional con Agustín de Medina.[25]


En 1725 trabajará en la decoración de la cajonería de la sacristía de San Miguel, cuya obra de talla y carpintería realizó José de Santiago[26], y en los relieves de los respaldos de la sillería de coro de la iglesia de San Lucas, atribuidos muy acertadamente al artista[27]. De estos años serían también otras pequeñas piezas escultóricas que aún se siguen conservando en el citado templo de San Lucas y que del mismo modo se le ha adjudicado: el David que corona el facistol de dicho coro y el San Pedro y el San Pablo de los batientes de madera de la portada de la sacristía, realizada en 1724[28]. Toda una dedicación a la imaginería de pequeño formato que continúa en los años siguientes en obras tan significativas, como el coro de la parroquia de Santa María de Arcos o, especialmente, el de la O de Rota, ejecutada al parecer en la década de los treinta y cuya obra de talla ejecutaría Andrés Martínez[29].



Los contactos con la vecina villa roteña tuvieron como digno antecedente la realización de la primera de sus imágenes procesionales conocidas, el Cristo de la Veracruz, en 1726[30]. La talla manifiesta las limitaciones del imaginero a la hora de representar el desnudo masculino, mostrando ciertas desproporciones e incorrecciones en su ruda composición anatómica. Una obra que ha dado lugar a atribuirle otros dos crucificados jerezanos, que pueden por ello ser fechados en el segundo cuarto del siglo XVIII: el que preside en la actualidad la capilla sacramental de la parroquia de Santiago y el hoy titular de la cofradía de la Lanzada[31]. Este último, que destaca sobre los otros crucificados citados por su mayor resolución de conjunto, es una imagen que no debió de ser concebida originalmente como procesional ya que parece provenir de la sacristía del convento del Carmen[32]. Su sintético estudio anatómico es animado y ennoblecido por el dinámico paño de pureza, que nuevamente revela el particular interés y esmero de su autor en este tipo de detalles efectistas.


Durante las décadas siguientes es palpable su intervención en la decoración de obras del retablista Medina y Flores.[33] Ya hablamos de sus tallas para los retablos jesuitas. Mencionemos ahora el retablo catedralicio del Cristo de la Viga, en cuyo contrato de 1742 aparece citado Diego Roldán como perito para verificar la calidad de la obra y a cuya mano atribuye Lorenzo Alonso de la Sierra los ángeles que hasta hace unas décadas flanqueaban al crucificado tardogótico. Poco tiempo después, en 1744 se encarga de terminar el coro de Santa María de Arcos con la ejecución de los diferentes motivos escultóricos[34].

Entre las obras atribuibles a Medina y Flores, el citado investigador menciona acertadamente los retablos de San José de dicha parroquia arcense y el de la capilla del Rosario de los Montañeses de la iglesia de Santo Domingo de Jerez. En el caso del primero, adjudica a nuestro escultor la imagen de San Andrés del ático[35]. En cuanto a la obra dominica, queremos destacar la estrecha relación de sus esculturas con su estilo, muy evidente en el caso del Santo Domingo y de la Santa Catalina de Siena. Al respecto, la escritura notarial en la que Salvador Rosillo se obliga a dorar y estofar en 1752 el retablo aclara que la decoración escultórica estaba en proceso de ejecución por aquella fecha[36].




Significativamente, ese año se concluye la decoración interior de la iglesia del nuevo convento de San Francisco de Sanlúcar de Barrameda[37] en la que se puede suponer una intensa actuación de Diego Roldán. Muy posiblemente, creemos, trabajaría en ella el propio Agustín de Medina, dentro cuyo estilo se encuentran claramente los retablos dedicados hoy a San Juan Bautista de la Salle y a Nuestra Señora del Amor. Esta última dolorosa y la Virgen de la Soledad de la cofradía del Santo Entierro, radicada igualmente en dicha iglesia, han sido fechadas en el citado año de 1752 y relacionadas con su gubia por el profesor Cruz Isidoro[38], coincidiendo efectivamente en cuanto a su estilo con otras tallas de idéntica iconografía puestas en relación con Roldán.



En este sentido, acaso sea este tema de la dolorosa una de sus creaciones más sugerentes. Desde nuestro punto de vista, es posible hablar además de unos rasgos físicos muy similares donde podemos observar el sello del autor: rostro acusadamente ovalado y estilizado, lejos de la morbidez que vemos por ejemplo en las imágenes femeninas de su contemporáneo Francisco Camacho; entrecejo formando un perfecto triángulo; nariz recta y afilada, con fosas nasales pequeñas y redondeadas; boca de labios finos, con las comisuras hacia abajo, formando siempre una composición trapezoidal; y barbilla pequeña. Características que nos ofrece la única de estas imágenes procesionales sobre la que se sabe con seguridad su autoría, la imagen de la Virgen de los Dolores de la cofradía lebrijana del Nazareno, de 1758[39]. Además de las dos tallas sanluqueñas citadas, se le han atribuido certeramente la dolorosa de la iglesia conventual de Regina Coeli (c. 1755), también en Sanlúcar[40], y las jerezanas del Valle[41] y de la Esperanza[42] de la cofradía de El Cristo y de La Yedra, que podrían fecharse igualmente a mediados del XVIII.




La vinculación laboral del imaginero con la vecina localidad costera parece haber sido intensa durante esta década de los 50, de hecho existe también constancia documental de la ejecución del San Juan de la cofradía del Nazareno en 1759[43]. Además, puede resultar reveladora al respecto la actuación del dorador sanluqueño Rosillo en la capilla de los Montañeses de Jerez, y aún más cuando algunos de los retablos de San Francisco de Sanlúcar poseen en sus labores de estofado estrechas similitudes con las de éste. Se podría plantear, por ello, la participación de los mismos artistas en ambos conjuntos.

De esta época, el Catastro de Ensenada aporta unos de los pocos datos biográficos que conocemos. En él declara tener la edad de 57 años, estar casado y tener de familia un hijo menor y cuatro hijas[44].


A partir del siguiente decenio, avanzando hacia la más que posible recta final de su vida, y tras su última obra documentada, el desaparecido Santiago del retablo mayor de la iglesia de dicho santo de Jerez (1760)[45], su presencia en esta última ciudad comienza oscurecerse. Nos quedan, no obstante, al menos dos interesantes imágenes atribuibles al escultor y que parecen responder a estos años: la del San Serapio de la Basílica de la Merced, que se fecha en 1761[46], y el San José de la iglesia de San Lucas, cuyo retablo sabemos que fue ejecutado en 1764 por el taller de Matías José Navarro[47].




Para terminar, y dentro de este apartado de atribuciones, apuntamos brevemente una serie de obras: el grupo de la Piedad de la iglesia de San Francisco de Jerez[48], cuyo modelo se repite de manera muy semejante en las imágenes titulares de la cofradía de la Quinta Angustia de Utrera, actualmente en las parroquia de Santa María de la Mesa pero procedentes, al parecer, de la iglesia de los jesuitas de esa localidad sevillana, al igual que un Tránsito de San Francisco Javier, muy cercano estilísticamente, que se venera en dicho templo utrerano; el San Judas Tadeo del convento franciscano jerezano; el relieve de San Juan Bautista de la iglesia de San Pedro de Jerez; o, por último, el San Juan Evangelista de la cofradía del Nazareno de Lebrija, cuya titular es obra documentada, como ya dijimos.



Son aún muchos los interrogantes que se presentan sobre la vida y obra de Diego Roldán, incógnitas que deberán resolverse en futuros trabajos de investigación. Este artículo sólo ha pretendido dar una visión de conjunto e intentar abrir nuevas vías para el estudio de este artista, pieza clave de la escultura jerezana del XVIII.


[1] Archivo Histórico Municipal de Jerez de la Frontera (A.H.M.J.F.), legajo 112, expediente 3460, fs. 4-5. Aunque no haremos referencia a ellos a lo largo del artículo, la documentación consultada hace mención a la autoría de Matías José Navarro sobre el desaparecido retablo del Santo Cristo de dicha iglesia, contratado el 1 de Noviembre de 1749 por precio de 150 ducados, además del dorado del retablo del Sagrado Corazón por aquellos años por parte de Bernardo Valdés ajustado en 3.300 reales (Ibídem, fs. 5v-6.)
[2] Ibídem, f. 4v. Sus hermanos Jerónimo y Marcelino suelen aparecer en la documentación también citados con los dos apellidos paternos (Roda Peña, José: “Aportación a la obra del escultor sevillano Jerónimo Roldán”, Laboratorio de Arte, n° 7, Sevilla, 1994, pág.162. Del mismo autor: “Notas sobre el escultor Marcelino Roldán Serrallonga”, Laboratorio de Arte, n° 16, Sevilla, 2003, pág. 260.
[3] A.H.M.J.F., Actas Capitulares de 1733, fs. 429-30. Citado también en: Aroca Vicenti, Fernando: “Aportaciones al estudio del retablo del siglo XVIII en la Baja Andalucía: el modelo jerezano”, Laboratorio de Arte, n° 10, Sevilla, 1998, pág. 237. Creemos que la mención al inicio del segundo cuerpo puede referirse más bien a la terminación del banco del retablo, pues no olvidemos que el camarín se sitúa en el primer cuerpo del mismo, lo que explicaría la aparente celeridad en su ejecución.
[4] A.H.M.J.F., legajo 112, expediente 3460, f. 25.
[5] A.H.M.J.F., legajo 117, expediente 3586, pieza 228, f. s/n.
[6] Pérez Regordán, Manuel: El jerezano Andrés Benítez y su concepto del Rococó. Jerez, 1995, pág. 137.
[7] Muñoz y Gómez, Agustín: Noticia histórica de las calles y plazas de Xerez de la Frontera. Jerez, 1903, pág. 34-35.
[8] A.H.M.J.F., legajo 112, expediente 3460, f. 5. El de San Ignacio fue entregado a la parroquia de Santiago y el de San Francisco Javier a la de San Juan (A.H.M.J.F., legajo 117, expediente 3586, pieza 225, f. s/n).
[9] Caballero Ragel, Jesús: “Notas documentales sobre cuatro esculturas existentes en Jerez de la Frontera”, Trivium, n° 8, págs.391-407. La imagen fue restaurada en 1889 por Mariano Bellver, en cuya intervención apareció un papel dentro del pecho de la talla con la autoría y fecha de ejecución. El Sr. Caballero nos informó personalmente de la actual ubicación de la misma en el convento capuchino de Antequera.
[10] Roda Peña, J.: “Notas sobre...”, págs. 264-265.
[11] El grupo de la Piedad se bendijo en 1712, el del Desconsuelo el 7 de Abril de 1713 y el Señor de las Penas el 24 de Abril de 1714. (VV.AA.: La Semana Santa de Jerez y sus cofradías. Historia y Arte. Tomo I. Jerez, 1995, págs. 191 y 413). Estrecha relación con estas imágenes, pero muy singularmente con la de Nuestra Señora del Mayor Dolor, tiene la de Nuestra Señora de los Dolores de la iglesia de San Alberto de Sevilla, obra atribuida al taller de Pedro Roldán por Roda Peña y fechada hacia 1698. Originalmente era imagen de talla completa, como parece que fue el caso del Mayor Dolor de Jerez y como sigue siéndolo en el de la dolorosa del mismo título de El Puerto que luego citaremos (Roda Peña, José: El oratorio de San Felipe Neri de Sevilla: historia y patrimonio artístico. Córdoba, 2004, págs. 478-479).
[12] El mayor parece corresponder a finales del XVII o principios del XVIII y se ha atribuido su arquitectura a seguidores de Bernardo Simón de Pineda, como Fernando de Barahona o Juan de Valencia por Esperanza de los Ríos (VV.AA.: Historia de Jerez de la Frontera. Tomo III (“El Arte en Jerez”). Cádiz, 1999, pág. 92). El de la orden tercera se debe situar más avanzado el primer cuarto del XVIII.
[13] Esta imagen ha sido tradicionalmente atribuida a los Roldanes. Parece que puede fecharse en 1702. Hay que recordar que el San Juan de la misma cofradía es obra firmada de Pedro Roldán del año de 1662 (González Luque, Francisco: Imaginería en las hermandades de penitencia de El Puerto de Santa María. El Puerto, 2004, págs. 148-155 y 159-168).
[14] También han sido atribuidas tradicionalmente a la familia Roldán. Existe una noticia, aunque se duda de su fiabilidad, del hallazgo de la firma de Pedro Roldán en el transcurso de una restauración llevada a cabo en 1937 (González Luque, F.: op. cit., pág. 122).
[15] Fue puesto en relación por Sancho de Sopranis con el mayor de la parroquia de Villamartín, cuya escultura ejecutó el taller de Pedro Roldán a partir de 1678. El portuense se estaba construyendo en 1686 y se comenzó a dorar en 1709. Este autor considera que las imágenes están dentro del campo de influencia de la familia Roldán (Sancho de Sopranis, Hipólito: Historia del Puerto de Santa María. Cádiz, 1943, pág. 360-361).
[16] La clara relación entre algunas de estas tallas ya llamó la atención de González Isidoro (González Isidoro, José: “Imaginería portuense. Su importancia artística y necesidad de conservación” en Sesiones de Trabajo sobre el Patrimonio Histórico portuense. El Puerto, Julio de 1987 (inédito) ) y más tarde de Aroca Vicenti (VV.AA.: Historia de Jerez..., pág. 127). Partiendo de esta idea, otros autores han llegado a relacionar algunas de ellas con Camacho (Pomar Rodil, Pablo J. y Mariscal Rodríguez, Miguel A.: Guía artística y monumental de Jerez. Madrid, 2004, págs. 55, 89, 168 y 179).
[17] Es de sobra conocida la estancia de La Roldana en Cádiz. Fue también frecuente el trabajo de su padre para diferentes poblaciones de la provincia, como la citada Villamartín o incluso para la Cartuja de Jerez en 1676. (Salazar, Dolores: “El escultor Pedro Roldán”, Archivo Español de Arte, n° XXII, Madrid, 1949, págs. 334-335).
[18] El primer intento de acercamiento a su figura hay que encontrarlo en: Sancho Corbacho, Heliodoro: El escultor sevillano Pedro Roldán y sus discípulos. Sevilla, 1950, pág. 41. Las aportaciones más recientes y más completas corresponden a Aroca Vicenti (VV.AA.: Historia de Jerez..., pág. 128) y a Cruz Isidoro (citamos ahora las dos publicaciones más significativas para su estudio: Cruz Isidoro, Fernando: “Una nueva obra del escultor Diego Roldán Serrallonga”, Escuela de Imaginería, n° 26, Córdoba, 2000, págs. 32-37; y del mismo autor: La Real Hermandad de las Angustias: estudio histórico y del patrimonio artístico. Sanlúcar de Bda., 2005, págs. 78-80).
[19] Salazar, D.: op. cit., págs.322-3.
[20] Sancho Corbacho, H.: op. cit.
[21] Roda Peña ha realizado dos artículos monográficos sobre ellos (véase nota 2).
[22] En estos primeros años aparecen documentados en Jerez la gran figura de Francisco Camacho de Mendoza (Alonso de la Sierra, L. y Herrera García, F. J.: “Aproximación a la escultura jerezana del siglo XVIII: Francisco Camacho de Mendoza”, Atrio, n° 5, Sevilla, 1993, págs. 25-48; y VV.AA.: Historia de Jerez..., pág. 125-127) y el escasamente conocido escultor y presbítero Diego Manuel Felices de Molina, que, como prueba de su prestigio, es precisamente nombrado perito para reconocer su primera obra documentada, el relieve de las Ánimas de Santiago (Alonso de la Sierra, Lorenzo y Herrera García, Francisco J.: “Francisco López y la difusión del barroco estípite en el retablo bajo-andaluz”, Archivo Hispalense, n° 230, Sevilla, 1992, pág. 145; sobre este artista y su única obra documentada: Caballero Ragel, J.: op. cit.).
[23] Se trataría del mismo ensamblador que en 1726 realiza un retablo para la capilla de los Reales Alcázares (Jácome González, José y Antón Portillo, Jesús: “Apuntes histórico-artísticos de Jerez de la Frontera en los siglo XVI-XVIII (segunda serie)”, Revista de Historia de Jerez, n°7, Jerez, 2001, pág. 110).
[24] Alonso de la Sierra, L. y Herrera García, F. J.: “Francisco López...”, págs. 128-131 y 144-145. El retablo llegó al siglo XX en la capilla del Sagrario, siendo citado por Romero de Torres, quien recoge la siguiente inscripción: “LA YSO/D DIEGO/ROLDAN/EN XERES/AÑO DE 1723” (Romero de Torres, Enrique: Catálogo Monumental de España. Provincia de Cádiz. Madrid, 1934). Fue retirado del culto. Parece que se conservan restos en las dependencias parroquiales.
[25] Hay que recordar que la actividad documentada de este último en Jerez se sucede a partir de 1728, coincidiendo casualmente con el traslado de Francisco López a Cádiz por esos mismos años, donde aparece trabajando desde 1727, aunque la última noticia de la etapa jerezana de éste se adelanta a 1725 (Alonso de la Sierra, L. y Herrera García, F. J.: “Francisco López...”, pág. 129-130; y Alonso de la Sierra Fernández, L.: “El retablista Agustín de Medina y Flores. Aproximación al estudio de su obra”, Revista de Historia de Jerez, n° 8, Jerez, 2002, pág. 140).
[26] Sancho de Sopranis, H.: “Papeletas para una serie de artistas regionales”, Guión, Año II, Jerez, 1935, número 82 de la serie; y “Papeletas para una serie de artistas regionales” (segunda serie), Guión, Año III, Jerez, 1936, número 86 de la serie. Ejecutaría 34 serafines y las imágenes del Ecce-Homo y la Dolorosa.
[27] VV.AA.: Historia de Jerez..., pág. 128. Hoy se hayan distribuidos entre el presbiterio de la iglesia de San Mateo y diversas dependencias de la Catedral
[28] Pomar Rodil, P. J. y Mariscal Rodríguez, M. A.: op. cit., pág. 79.
[29] García de Quirós Milán, A.: Rota. Estudio artístico-religioso de la Villa. Rota, 1955, pág. 71. Otras obras que se han relacionado con él en este municipio son la imagen del Santo Entierro y el desaparecido grupo de los Dolores y el retablo mayor de la capilla de la Caridad. No descartamos que la escultura de éste pueda ser de su mano, aunque en absoluto la arquitectura, que presenta características del estilo de la familia Navarro (Moreno Arana, José Manuel: “Una familia de retablistas en El Puerto: los Navarro”, Actas del Encuentro de “La conservación de los retablos. Catalogación, restauración y difusión. El Puerto de Santa María, 2005 (en prensa).
[30] Sánchez Alonso, Gregorio y Ruiz García, J. M.: Rota y su Nazareno. Rota, 2001, pág. 113. La firma apareció en una restauración del profesor Miñarro en 1994. El texto es el siguiente: “Yo Diego Roldan de Sierra Longa en la Villa de Jerez año de 1726 por el prexio de mil reales de vellon”.
[31] Pomar Rodil, P. J. y Mariscal Rodríguez, M. A.: op. cit., pág. 158 y VV.AA.: Historia de Jerez..., pág. 128. El primero, cuyo sudario de inspiración montañesina responde sin duda una reforma contemporánea, debe de proceder de un antiguo retablo, si tenemos en cuenta su tamaño y su muy acentuada desproporción.
[32] Hemos consultado un inventario realizado en 1835 con motivo de la Desamortización. (Archivo Histórico Provincial de Cádiz, Desamortización, legajo 01236, expediente 23, f. s/n). En él no aparece citado ningún crucificado en la iglesia pero en la descripción de la sacristía se dice lo siguiente: “Una caxoneria completa que coge el testero de la sacristia con tres espejos, dos laminas de dar gracias, un Sto. Cristo en superficie con dosel dorado”.
[33] De 1736 tenemos constancia de una pequeña intervención independiente, la restauración de la imagen de San Miguel que coronaba el púlpito de la parroquia jerezana de este arcángel (Sancho de Sopranis, H.: “Papeletas...”, Año II, número 82 de la serie)
[34] Alonso de la Sierra Fernández, L.: “El retablista...”, págs. 142-145 y 148.
[35] Ibídem, pág. 148.
[36] Aroca Vicenti, F.: op. cit., pág. 238
[37] Guillamas y Galiano, F.: Historia de Sanlúcar de Barrameda. Madrid, 1858, pág. 78.
[38] Cruz Isidoro, F.: “La Divina Pastora del convento capuchino de Sanlúcar de Barrameda”, Estudios Franciscanos, n° 435, vol. 104, Barcelona, 2003, págs. 511-512. Del mismo autor: La Real Hermandad... (op. cit). Le atribuye en estas publicaciones también la primitiva Divina Pastora (hoy en el convento capuchino de Santo Domingo, en la República Dominicana), la Virgen de los Desamparados de la iglesia homónima y la Virgen de las Angustias de la cofradía del mismo nombre, todas en Sanlúcar.
[39] González Gómez, Juan Miguel: Catálogo de la Exposición Mater Dolorosa. Sevilla, 1988. Fue más bien una reforma, por la que se sustituyó la mascarilla original. Posee la siguiente inscripción: “Esta mascarilla fue realizada por D. Diego Roldan en 1758”.
[40] Rodríguez Duarte, María del Carmen: El Convento de Regina Coeli. Un modelo de vida monástica en la Sanlúcar del Barroco. Sanlúcar de Bda., 1993, pág. 293.
[41] VV.AA.: Historia de Jerez..., pág. 128
[42] Esta imagen parece proceder de la antigua cofradía dieciochesca de los Dolores, cuyas primeras salidas procesionales parece que tuvieron lugar a mediados del XVIII (VV.AA.: La Semana Santa de Jerez..., págs. 419-419). El crucificado titular de esta cofradía también ha sido relacionado con Roldán, aunque nos parece más cercano a la gubia de Francisco Camacho (Pomar Rodil, P. J. y Mariscal Rodríguez, M. A.: op. cit., pág. 78).
[43] Cruz Isidoro, F.: “Una nueva obra...” (op. cit).
[44] A.H.M.J.F., Archivo Histórico Reservado, cajón 18, expediente 34, f. 382v-383.
[45] VV.AA.: Historia de Jerez..., pág. 128
[46] Pomar Rodil, P. J. y Mariscal Rodríguez, M. A.: op. cit., pág. 163. El retablo parece una obra tardía de Medina y Flores, pues ofrece alguno de sus rasgos, aunque incorporando ya rocallas.
[47] Aroca Vicenti, F.: “Aportaciones...”, pág. 241.
[48] Pomar Rodil, P. J. y Mariscal Rodríguez, M. A.: op. cit., pág. 180.